TIEMPO AL MIL, PULSACIONES Y SENSACIONES

 diciembre 2011

Publicado por Imedep

A la hora de “prescribir” las intensidades de entrenamiento, podemos hacerlo de diversas maneras, cada una de ellas con sus características propias y sus limitaciones.

El objetivo del entrenamiento es crear un estado de “stress” concreto (intensidad), que se traduce fundamentalmente y de forma genérica en 3 aspectos:

–      Una frecuencia cardiaca dada, por el hecho de tener que hacer llegar el “suministro” de oxígeno a donde sea necesario.

–      Una velocidad de desplazamiento para crear ese estrés, y,

–      Una sensación subjetiva de esfuerzo, que nos genera ese nivel de actividad.

Pero, de todas ellas, ¿cuál es la más adecuada? ¿Cuál se acerca más a nuestra realidad? Vamos a intentar desmenuzar el tema.

Para ello debemos tener en cuenta cuál es el objetivo del entrenamiento, y cómo se alcanza (como ya desarrollamos en el artículo anterior “¿Qué entrenamos?”).

Frecuencia cardiaca:
desde la aparición de dispositivos de tipo electrónico, ha sido,tradicionalmente, el método preferido para el control de intensidades; son, los famosos pulsómetros.

Las necesidades de oxígeno del músculo en actividad serán mayores conforme incrementemos nuestro nivel de trabajo, y por tanto el corazón deberá bombear más oxígeno (pulsaciones) para que éste llegue. Pero, hay
que tener en cuenta que éste suministro no es el único que ha de cubrirse:

– Suministro de oxígeno al resto de órganos: El sistema deberá aportar sangre al resto de órganos.

– Mecanismo de termorregulación: a la piel, que actúa como elemento regulador de la temperatura y por tanto requerirá de más o menos sangre para ello en dependencia de nuestra temperatura interna y estado de hidratación y su relación con la temperatura y humedad ambientales.

– Fatiga física: todos hemos podido observar que conforme pasa el entreno, si mantenemos el ritmo, suben las pulsaciones, y vice versa, si mantenemos las pulsaciones, iremos bajando el ritmo. Esto es debido a una progresiva deshidratación, necesidades de control de temperatura, y a una acumulación de fatiga. Y también, en el caso de fatiga acumulada a lo largo de la semana. No obtenemos la misma frecuencia cardiaca después de 3-4 días acumulados de entrenos duros, o de actividad laboral, o en caso de estar “frescos”.

Resto del articulo en:

http://www.imedep.es/sin-categoria/tiempo-al-mil-pulsaciones-y-sensaciones/

 

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